“Yo marqué el gol, pero Gordon Banks lo paró”. Quizás esta cita de Pelé sea el mejor resumen de lo que pasó ese 7 de junio de 1970, cuando Inglaterra enfrentó a Brasil en el Mundial de México 1970 y ese portero británico protagonizó la mejor atajada de la historia de los mundiales.

Por lo menos así se ha señalado –como la mejor de la historia de los mundiales-, reiteradamente, al punto que cualquier actuación nueva, como la parada del japonés Eiji Kawashima al cabezazo del polaco Kamil Grosicki, en el Mundial de Rusia 2018, ni siquiera entra en el debate, por el simple motivo de que ya no existe el debate.

Bandera de los videos-resúmenes de la Copa del Mundo, de los documentales sobre la historia de la selección inglesa y de las publicidades que cada cuatro años replican los canales de televisión, la estirada y manoteada de Banks no dejan de sorprender porque Pelé tenía razón: el cabezazo tenía todo para ser gol, pero un milagro –a manos de un ser humano- lo detuvo. De cien jugadas de ese tipo, 99 terminan adentro. La excepción –la gloria- le correspondió a Banks.

Por eso, décadas después de la hazaña, las transmisiones deportivas siguen colocando ese hit, esa canción pop que las cadenas radiales explotan antes de que pierda su auge. Sintonizas el radio a la misma hora, todos los días, y hacia las 16:05 empieza a sonar, con una variación de diez minutos dependiendo de la duración de la propaganda de turno.

Igual sucede con la atajada. Cada cuatro años, prendes el televisor o el computador hacia las 20:00, con una variación de diez minutos dependiendo de la duración de la propaganda de turno, y rueda la imagen del aquero británico tirándose al palo derecho. Hay que recordar que el tiempo de los mundiales transcurre mucho más lento –se reactiva cada 1461 días- y por eso la acción del partido de Brasil contra Inglaterra sigue fresca para el público de esos eventos deportivos.

Como casi todo ser humano, ese momento de gloria no fue lo único que Banks tuvo en su vida. Aun así, en semejanza a The Wonders, pareciera que los medios de difusión intentaran persuadirnos de lo contrario.

“That Thing You Do!” (1996) fue dirigida por Tom Hanks y cuenta la historia de una banda estadounidense, llamada The Wonders, que tiene su propio hit, su propia maldición. El éxito pop es homónimo de la película y en mucho se parece a la parada del golero inglés.

El hit de The Wonders se convierte en el motor de su escalada mediática y la primera transmisión por radio no deja más que euforia en los integrantes de la banda. No era de extrañar que los surgentes fans la pidieran a gritos en sus presentaciones. Sin embargo, al cabo de un tiempo, los intérpretes estadounidenses se percatan de lo que supondría uno de los factores más importantes del fin de su carrera: era la única canción que pedían sus fanáticos.

Entre los oyentes y los músicos y entre los hinchas y los futbolistas se para un ente divisorio, que controla lo que llega al público: los medios de difusión. La mayoría de estas entidades fronterizas –al menos las más notorias- responden a los llamados del dinero que, mordazmente y cada vez con menos escrúpulos, revisten de ‘interés general’. “Importa mucho a la gente qué es tendencia y por eso es imprescindible reportarlo”, dirá algún magnate de estas empresas, en su intento de justificar la reproducción de una fórmula ganadora, hasta el hastío o, mejor, hasta que deje de vender.

Es bajo esa idea que no nos enteramos sobre el resto de la discografía de The Wonders o de a qué otras bandas podemos dirigirnos. Si los medios de difusión solo hablan de hits y tendencias, ¿cómo se puede esperar que el interés general ponga su foco sobre otra cosa? No es que lo demás no interese a la gente, sino que el público no tiene una verdadera oportunidad de darse cuenta si es así o no. Y quienes están en posición de garantizar las opciones se quedan con la fórmula vendedora.

Entonces, sigue sonando esa canción pop hacia las 16:05, con una variación de diez minutos dependiendo de la duración de la propaganda de turno, y cada cuatro años aparece la imagen de Banks sacudiéndose el polvo del Estadio Jalisco, en Guadalajara. Y no nos cuentan que Banks tapó en más de 700 partidos y que esa aparición contra Brasil fue una de las 73 que tuvo con la Selección de Inglaterra. No nos hablan de su impacto en el Leicester City y en el Stoke City o de su incursión en dos clubes estadounidenses. Antes de que queramos saber más, ponen a sonar otro hit.

Eventualmente, la canción “That Thing You Do!” pasó de moda y The Wonders se quedó sin piso. El hastío no ha llegado para la milagrosa atajada pop que evitó el gol de Pelé, no por falta de insistencia. Durante la siguiente Copa del Mundo, nos expondrán una vez más la acción del portero británico y, aun con ese lento ritmo de los mundiales, la jugada estará un paso más cerca de ese desenlace.

Ya nos sabemos la letra. Dentro de poco, dejaremos de subirle al volumen. Ojalá alguien rescate a Gordon Banks, antes de que la fórmula deje de vender y su carrera se deseche, y que solo unos pocos coleccionistas puedan hablarnos sobre sus 20 años de trayectoria.

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