Años de secano, barbecho para los soñadores, pero aquello que no deja paso a la duda es el menosprecio a conciencia que sufre nuestro tan añorado lanzamiento de media distancia. Sobrevolando los nuevos perfiles interiores y viajando a través de Houston todo esclarece un oscuro que eriza la piel de los más clásicos y románticos.

Históricamente, y a su esencia más pura me remito, el baloncesto a nivel NBA -apartando la línea de tiros libres- gozó de treinta y tres años de exclusividad al lanzamiento de dos puntos hasta la llegada en la campaña 1979–80′ de la línea de 6,70. El primer protagonista desde el perímetro fue Chris Ford, base de metro noventa y seis que militaba en Boston Celtics.

Tratando la esencia como pilar fundamental, el baloncesto es un deporte basado en la simplificación mediante complejos sistemas y movimientos que permitan lograr la anotación, con el matiz que supone la inclusión de un lanzamiento con valor extra, el triple. Por este mismo motivo, antaño disfrutábamos de pinturas repletas de ansiosos atletas, aroma del cual hemos perdido gran parte de su esencia.

Es la evolución, como en cualquier otra práctica deportiva, uno de los principales alicientes del cambio. Un cambio que se ha promovido en la conocida como “Era del triple” y que propone como opción más eficiente el uso del perímetro en plantillas plagadas de “Spot-up shooters” y “Catch-and-shooters”, haciendo de éstos un arma prácticamente letal tanto en transición como en situaciones de cinco contra cinco. Y no por ser novedad debe implicar un deterioro de la belleza, simplemente es una alternativa totalmente lícita y hermosa.

Hasta la totémica figura del rudo y poderoso center se ha visto salpicado por esta modernización, logrando adaptar su perfil al armazón conocido como “interior moderno”. Curtido en incontables funciones y con una amplia gama de recursos perimetrales, el pívot se ha transformado en un arma de destrucción masiva preparada para elevar la dificultad de su cobertura a niveles impensables, soterrando casi por completo el prototipo del interior unidimensional y cercado a las inmediaciones del aro. Un desarrollo tan veloz como notable ha sido el labrado por Brook López (213cm-124kg), con un total de 246 lanzamientos anotados desde la larga distancia en la friolera cifra de 712 intentos (35%) en sus últimas dos campañas, arrasando la nimiedad de tres ejecuciones en sus primeras ocho temporadas en la liga.

Esta modernización se eleva a exponentes superiores, incluyendo en la zona afectada a los sistemas más complejos y, por ende, a equipos milimétricamente formados para reducir a cenizas a sus rivales mediante el uso de sistemas como el “Run & Gun” característico de Mike D’Antoni o el híbrido de Kerr, mezclando pequeñas píldoras del triángulo de Phil Jackson o la “ofensiva Priceton entre” otros. Y no es más que una sistemática provocadora del efecto dominó, que obliga al grueso de la liga a adaptarse para sobrevivir en un ambiente salvaje repleto de perfectos estrategas preparados para combatir a campo abierto, diluyendo casi por completo la pintoresca imagen del “mid-range”.

Houston Rockets, la ilustración del cambio

Uno de los artífices más prolíficos es el ya mencionado Mike D’Antoni, creador de la máquina mejor engrasada en el apartado de producir dinamita desde el perímetro. Capaz de embestir a los todopoderosos Golden State Warriors hasta que la última gota de sudor, personificada en la figura de Chris Paul, terminó por secar sus aspiraciones. Su creación es de tal magnitud que ha potenciado su arsenal perimetral hasta límites maquiavélicos, llegando a posicionarse con más de 42.3 intentos por noche desde más allá de la línea de tres, con más de 6 lanzamientos sobre el siguiente (Brooklyn Nets) o superando por más de 20 al último de la lista (Minnesota Timberwolves/22.5tpp). La “embriaguez” perimetral en Houston ha llevado a la plantilla a efectuar más intentos desde el perímetro (42.3) que lanzamientos de dos (41.9), un hecho inédito en la liga pero que arrastra la esencia de uno de los proyectos más llegadores en las últimas décadas. Sumergiéndonos aún más y trasladando la comparativa en el tiempo encontramos que estos Houston Rockets superan en más de diez unidades los intentos que llevaban a cabo los Golden State Warriors de la temporada 2015–16′ (31.6) o, retomando el año de nacimiento del triple, también pulverizan la paupérrima marca de los San Diego Clippers, líderes del campeonato en intentos de tres, con 6.6 tiros por velada. La carta de tiro refleja a la perfección el abandono deliberado que está sufriendo el rango medio por parte de Houston Rockets (vía Twitter @/AustinClemens2).

La curvatura parece vallar la zona interior, con el uso meramente simbólico del flanco izquierdo y la zona frontal. La pintura, viviendo la figura de Clint Capela como líder y soberano, tiñe de color una carta de tiro similar a un arcoiris invertido. Un aislamiento premeditado y estructurado con el mayor de los cuidados por un titiritero del nivel que caracteriza a D’Antoni.

Románticos en pleno campo de batalla

No por deteriorado debe quedar extinto, pues aún disfrutamos de adeptos al “Jump Shot” por excelencia. Jugadores de la talla de DeMar DeRozan, Khris Middleton o Kevin Durant siguen aferrados a las raíces más puras, siendo el primero de éstos un espécimen único en la liga. Su sistemática es tan atípica como brillante, posicionándose como primero en número de lanzamientos y segundo por detrás de Russell Westbrook en porcentaje de ejecuciones asistidas, con un veinte por ciento sobre el total. Su carta de tiro es una oda al equilibrio absoluto (vía Basketball Reference):

Siempre lastrado por sus carencias perimetrales, DeMar DeRozan no deja de ser un exponente de culto al reparto general de tiros de campo. Dominancia en la ejecución tras bote con la finura de un atleta de otra época, una figura extraída de antaño e incluida en una infernal fauna perimetral. Un movimiento contracultural que deberíamos abrazar por su naturaleza extinta y complejidad barroca.

La pérdida de sabor clásico es, además de inconfundible, irreparable. Invasivo por potencial, el triple se adueña de nuestras madrugadas con una fuerza propia de un huracán. Descubramos nuevos mundos sin olvidar las huellas que nos trajeron hasta dichos paraísos.

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